
La orden del Temple fue suprimida administrativamente en 1312 por el papa Clemente V, al término del concilio de Vienne. La francmasonería especulativa aparece en Inglaterra a principios del siglo XVIII. Cuatro siglos separan estas dos realidades, y ningún documento de archivo las conecta directamente. Esta distancia no ha impedido la construcción de un relato de filiación que aún riega la cultura popular y ciertas prácticas esotéricas contemporáneas.
El Baphomet de los Templarios: acusación judicial, no doctrina secreta
Durante el juicio instruido contra la orden del Temple a partir de 1307, las confesiones obtenidas bajo tortura mencionan la adoración de una ídolo llamado Baphomet. El erudito del siglo XIX Prosper Mignard mostró que esta figura podría estar relacionada con tradiciones gnósticas y maniqueas, más que con una herejía específicamente templaria.
El Baphomet funciona como un cargo político, no como una prueba de práctica oculta. Felipe IV de Francia necesitaba motivos graves para justificar la incautación de los bienes del Temple. Los inquisidores compilaron confesiones contradictorias, cuyas descripciones del ídolo variaban de un interrogatorio a otro: cabeza barbuda, gato, cráneo, figura con múltiples caras.
Fue Éliphas Lévi, ocultista del siglo XIX, quien rediseñó el Baphomet en la forma del macho cabrío andrógino que conocemos hoy. Esta representación no tiene ningún vínculo con los actas medievales. Para levantar el velo sobre los Templarios, es necesario distinguir lo que pertenece al expediente judicial de lo que fue reinventado cinco siglos después.

Filiación Templarios-francmasonería: cómo se construyó el mito en el siglo XVIII
La francmasonería naciente no necesitaba de los Templarios para existir. Sus primeras logias documentadas estaban vinculadas a las corporaciones de constructores, no a los órdenes militares. El vínculo con el Temple apareció en un segundo momento, impulsado por una necesidad de legitimidad histórica y de prestigio simbólico.
El discurso del caballero de Ramsay, pronunciado en 1736 ante masones franceses, sentó las bases de esta leyenda. Ramsay evocaba a cruzados protectores de las artes y los saberes, sin nombrar directamente a los Templarios. Autores posteriores dieron el paso y forjaron altos grados masónicos explícitamente vinculados al legado templario.
El Rito Escocés y la memoria templaria
Algunos altos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado llevan títulos con connotación caballeresca (Caballero Kadosh, Caballero del Águila Negra). Estos grados no pretenden transmitir un conocimiento templario auténtico: utilizan el relato de la caída del Temple como alegoría moral sobre la injusticia y la persecución.
La matiz es considerable. Un grado masónico construido alrededor de la figura de Jacques de Molay no significa que los francmasones desciendan de los Templarios. Significa que el siglo XVIII encontró en esta historia un material dramático eficaz para estructurar un recorrido iniciático.
Esoterismo templario hoy: entre fascinación y desvíos sectarios
La imaginación templaria no se limita a las logias masónicas. Alimenta un mercado editorial, circuitos turísticos y grupos espirituales que reclaman una transmisión secreta desde la Edad Media. Ninguna organización contemporánea puede probar una continuidad institucional con la orden disuelta en 1312, ya que el papa Juan XXII luego prohibió cualquier reconstrucción bajo pena de excomunión.
Esta fascinación también tiene un lado preocupante. La Miviludes (Misión interministerial de vigilancia y lucha contra los desvíos sectarios) registró 4,571 denuncias en 2024, más del doble que hace diez años. La categoría “cultos y espiritualidades” representa aproximadamente un tercio de las denuncias en el período reciente.
- Grupos reciclan el vocabulario templario o masónico para reclutar miembros en torno a supuestas “iniciaciones” pagadas, sin vínculo con las obediencias reconocidas.
- La confusión entre investigación histórica, ficción y creencia esotérica facilita la influencia: un discurso que mezcla referencias eruditas y revelaciones exclusivas puede parecer creíble.
- Las obediencias masónicas oficiales (Gran Logia de Francia, Gran Oriente de Francia) distinguen claramente el simbolismo iniciático del relato histórico, y no reclaman una filiación directa con el Temple.

Templarios en la cultura popular: por qué el mito resiste a la investigación histórica
El juicio del Temple reúne todos los ingredientes de un relato cautivador: una orden poderosa, un rey codicioso, un papa bajo presión, acusaciones de brujería y una ejecución espectacular. Jacques de Molay quemado en la isla de la Ciudad en 1314, maldiciendo al rey y al papa, constituye una escena fundacional para la imaginación occidental.
Los historiadores disponen de un volumen considerable de documentos de archivo (actas, bulas pontificias, actos notariales) que permiten reconstruir la vida cotidiana de la orden con precisión. Los Templarios eran monjes-soldados sometidos a una regla religiosa estricta, no magos guardianes de un saber perdido.
El mito persiste porque cumple una función que la historia no puede asumir: ofrecer un relato de continuidad secreta en un mundo donde las instituciones visibles decepcionan. La francmasonería del siglo XVIII buscaba antepasados prestigiosos. Los movimientos esotéricos del siglo XXI buscan una autoridad alternativa. En ambos casos, el Temple sirve de espejo más que de fuente.
El concilio de Vienne no condenó la orden, la suprimió administrativamente. Los antiguos Templarios llevaron luego vidas ordinarias: jubilación con pensión para los nobles, regreso a un oficio para los demás, reenganche en otros órdenes como el de Montesa en España. Esta realidad documentada sigue siendo menos seductora que un tesoro escondido bajo una comandancia bretona, pero tiene la ventaja de ser verificable.